Por James Delgado
Universidad de Caldas
Cod 10412507
dosnodos@yahoo.es

Prosiguiendo con el ejercicio de “relleno hermenéutico” ahora con el capítulo 5: Reinos Egóico-Mentales, coloquémonos en el campo preferido de Hugo Zemelman, “el lenguaje”. Recalquemos para empezar que antes de que la capacidad de lenguaje se despliegue de manera “autónoma”, existen por lo menos cinco estructuras del yo diferentes y necesarias:

1) yo pleromático: Indiferencia entre cuerpo y materia, sin objetos, carencia de elección.
2) yo urobórico: Instinto primario de supervivencia, arcaico, necesidades fisiológicas. Meme beige.
3) yo axial-pránico: Emociones elementales (temor, avaricia, ira, placer), placer-displacer, narcisista, tiempo presente, concreto, momentáneo. Meme beige, meme púrpura.
4) yo cuerpo-imagen: Emociones sostenidas, angustia, anhelos rudimentarios, presente prolongado, cuerpo-imagen no reflejo. Meme purpura, meme rojo.
5) yo verbal-social: Lenguaje autístico, pensamiento paleológico y mítico, gustos y desagrados prolongados y específicos, raíces de la fuerza de voluntad y elección autónoma, sensación de pertenencia, estructuración de tiempo pasado y futuro. Meme rojo, meme azul.
6) yo mental-egoíco: Sintáctico-social, pensamiento verbal-dialogante, emociones dialogantes especialmente culpabilidad, deseo, orgullo, amor y odio, fuerza de voluntad, autocontrol, metas, necesidad de autoestima, lineal histórico, pasado y futuro prolongados, autoconceptual, diversas “personas”. Meme azul, meme naranja, incluso meme verde.

Ubicados así en perspectiva podemos darnos cuenta que el yo-lenguaje se dinamiza sobre estructuras primarias que potencian y/o despotencian las posibilidades del lenguaje. No es suficiente un pensamiento que nos alienta a colocarnos en el momento anterior al lenguaje social, aunque pueda funcionar para algunos. Requerimos de un pensamiento más amplio y profundo dentro del cuál reflexionar con la fuerza y la apertura justas. Digo esto porque un pensamiento de perspectiva estrecha, a pesar de la perspectiva misma, todavía es demasiado precario para lo que se solicita contemporáneamente.

El pensamiento de Zemelman, por ejemplo, ya lo vengo diciendo, es pertinente en la medida que hace parte de ese posmodernismo-deconstructivo que estamos obligados a utilizar y que debemos aprender cómo para no caer en sus ocultas contradicciones reduccionistas que causan tanto daño, sobre todo a los pueblos subdesarrollados. Porque no sólo hay un mundo anterior a las palabras, sino también, y más importante, un mundo posterior a las palabras. Recordemos que Zemelman sólo distingue dos mundos, uno conocido y otro desconocido, solapando así el “tercer mundo” y contribuyendo a la confusión existente entre “pre” y “pos”, pre-lenguaje (1), lenguaje (2), y pos-lenguaje (3).
Por otro lado, repito que el pensamiento Zemelmaniano es ideal, por ejemplo, para anclar emergentes modernos y posmodernos dentro del Arte como el “perfonrmance-art”, además de que Hugo Zemelman es un pensador que está dentro de nuestro particular campo emergente (personal, cultural y social) y como tal, al tomar partido nosotros por nosotros mismo, igualmente tomamos partido por él.
Mi intención es tejer con el mayor cuidado del que sea capaz un conjunto de autores “emergentes” que forman parte de mi recorrido personal y cultural a la teoría general de Ken Wilber, y decantar de allí un marco posible para la práctica y teoría de un Arte Integral.
Volvamos entonces a finalizar por aquí este ejercicio de “relleno hermeneútico”, y sigamos leyendo para seguir escribiendo y aproximándonos a la práctica.