1. Hay que llevar la visión propia hasta el infinito sin olvidar que se trata solo de una visión. Pero esta visión debe tener la capacidad de hacerse así misma. Uno debe ser libre. Si la visión no lo hace a uno libre entonces no es la visión de la que hablo. O sea, las palabras se significan así mismas en su propio discurso. En este caso hablo de la visión que debe, puede y se tiene que llevar hasta el infinito. Esta visión es la que hace y hace libertad. Esta visión es la que nos hace libres a todos.
2. Para entender a cabalidad la visión a la que me refiero haga lo siguiente: Medite 15 minutos diarios por un tiempo. Cuando sienta que esté listo convierta esta meditación en una acción plástica. Luego cree un grupo para compartir momentos de meditación y reflexión, 15 minutos de meditación, 15 minutos de conversatorio, y repítanlo tanto tiempo como tengan y quieran. Las meditaciónes pueden irlas convirtiendo también en acciones plásticas. Sígase con el método hasta que comprehendan la visión descrita en el punto uno. Una vez comprehendida la visión del punto uno, hágase lo que la comprehensión misma muestre, en otras palabras, deje que la comprehensión misma haga lo suyo. ¡DESAPAREZCA! Si de verdad ha comprehendido nadie lo notará, ni usted.
NOTA: Las meditaciones pueden ser meditaciones o acciones plásticas surgidas desde la meditación.